jueves, 4 de marzo de 2010

Capítulo 13 de la novela Serial Writer (de Jorge) Turismo durante el reinado menemista:

Era un placer viajar. Ir y venir. Dar y recibir. Porque durante la gestión del Supremo multimorfo, se favoreció el viajar. Algunos, especialmente los comerciantes (como los fabricantes de sombreros, peluquines y carruajes), profesionales (como los diseñadores de togas y alhajas, arquitectos de mansiones, periodistas, bailarinas del vientre), compañeros de balompié y baloncesto, se vieron favorecidos pues cobraban en ducados de oro que se cambiaban muy ventajosamente en el interior del reino y muy desventajosamente en el mismo interior del reino para otros. Una provisión de polenta había ascendido a los tres mil ducados, equivalentes a setenta y dos horas de trabajo del grupo familiar. Además, aquellos selectos grupos se veían también premiados con la llegada de misiones extranjeras, fundamentalmente de la capital planetaria. Se estableció entonces como moneda internacional de cambio, el sexo. De forma tal que se depositaban en una cuenta a cien años los ducados oros de los poderosos internos, más los títulos de propiedad de todas las tierras, el mar y el aire y el subsuelo, y los comercios de otros reinos o países les habilitaban la compra de electrodomésticos pasándoles el miembro por la ranura.

-Una licuadora exprime centrífuga pela cáscaras y las convierte en fruta abrillantada para nosotros, otra igual para las respectivas madres. Una planchita a energía solar para campamento.
-Mirá gordi, llevemos esa calesita holográfica para mesa de luz de hotel veraniego. Media docena de portasánguches de miga triples, otra media para simples. Termos de cuarto litro, de sección cuadrada, prisma de pulgada por pulgada de base, se carga con los rayos catódicos mientras mirás tele.
-Voy a agarrar otros tres reproductores de dvd, cvx, http, gnc, hdp, jtp. Enderezador de bandera para actos supremos. Llavero con alarma. Celular con video y pc con antena porongánica de veinticinco centímetros para ella o él. Un inflador de gomas de auto inalámbrico. Lápices con autocorrector ortográfico.
-¿Cash?
-Sí.
-Plic, plic, plic...
-¿cuánto es?
--¿Virgen o puesta?
- La nena es virgen, ¿no´cierto vieja?
-Sí.
-De ambos lados, no´cierto. Bien... son tres cuartos de virgen total.
-Muy bien. Vení nena.
-Ay, no tiene cambio, no tiene una nena más chica. ¿Le puedo dar unos caramelos o una hija de veinte años con el culo roto?
-Y, no sé, sí, no´cierto vieja?
-¿Y si llevamos también la máquina de fotografíar enanos de jardín?
-Sí.
-Bien, les sobra una pierna. Les doy una bolsa de chocolatitos de colores o una hija embarazada de mellizos.
-No, mejor llevamos otra licuadora. ¿Con eso da justo, no, sin cambio, no?
-Le faltaría media sorbida o una tocada de culo de veterano/a.
-Y... sí, tocada de culo.
-A usted o a la señora.
-Es lo mismo. A esta altura. Bueno, vos. ¿No, vieja?
-Sí.
-Un momentito que llamo a la supervisora. Por favor pasen por el costado así le cobro al muchacho que solo trae una caja porta garuletes para carruaje deportivo de color rojo con dirección hidráulica. Mientras tanto puede ir la nena al box número tres para que le hagan el orto. Gracias.
-Sí, como no. Vení nena que te cargan por acá.
-Efectivo, ¿muchacho?
-Sí.
-Es una mamada con tres manoseos de filósofo.
-Bien.
-Mientras te lo embolso pasá por el box veintiocho.
-Sí, Sharon, ¿me llamaste?
-Mire, supervisora, no tengo cambio, necesito autorización para sobada ojetal a veterana.
Clíclí.
- Listo.
-Señora, pase por la siete. Qué casualidad.


Aunque hay muchos clientes esperando (la mayoría del reino), el cobro se realiza con rapidez y pulcritud.
-Bueno, ¿listo las chicas?, ayúdenme con el carrito, entonces. ¿Nena, te pasa algo? Qué cara che. Estos jóvenes siempre con mala onda. La verdá vieja que la atención en este país es impresionante. No veo la hora de llegar a la patria y mostrarles a todos el video. Uds. No se olvidaron de pedir la copia de los boxes, no? Ah, menos mal.
Qué viaje, mi dios, qué viaje. Y pensar que todavía algunos hablan mal del supremo. Se les tendría que caer la cara de vergüenza.

Mientras tanto en el reino sigue la preocupación por el meteorito gigante que se encontraría, según los últimos datos a quinientos metros sobre la ciudad de Garmendia. Tiene el tamaño de la Casa del Gobierno y se desplaza a una velocidad asombrosa. Información de último momento: el bólido ha sido desviado por las fuerzas mancomunadas del reino y la mano salvadora del Supremo cuando se encontraba a solo tres metros de una calesita repleta de niños y abuelitos.

Y finalmente, con el correr de los días (no muchos pues la memoria popular es frágil), la noticia del meteorito se precipitó en el olvido, y fue necesario reforzar el interés por estar informados con el detalle al minuto del caso criminal del pequeño raptado, torturado, violado, sepultado vivo, vuelto a violar y finalmente (un par de semanas después) resucitado y recompuesto en todos sus sectores por las manos extendidas del Supremo. Las pantallas a través de las cuales fue casi imposible observar (por la sangre que salpicaba los oculares) lograron restablecer el aliento de millones de seres, recuperar la confianza perdida en la humanidad, recobrar la fe e incluso las demás virtudes menores, gracias a la acción salvífica del Enano Gobernante; quien una tarde, cuando el sol se derretía en donde corresponde, extendió sus manos hacia él y pocos minutos después los micrófonos registraban la voz quebrada de llanto de esa madre que se reencontraba con un niño al que ya sabía muerto, violado, enterrado vivo y vaya a saber qué barbaridad más, que mejor ni pensarlo.

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